Educación y familia

27 06 2009

Siempre he mantenido la misma posición sobre la educación de un hijo; como hijo, que no como padre. Es un proceso complejo, donde ninguna metodología tiene el éxito asegurado, pues en su naturaleza interdisciplinar no sólo la familia influye.

Hace unos años los colegiales pasábamos aproximadamente un tercio del día fuera de casa, otro tercio durmiendo y el restante -en el mejor de los casos- con la familia. Esta situación ha ido cambiado, hacia peor, viéndose acentuada en los grandes núcleos poblacionales, y estos días, con el agravante del obscuro escenario de crisis. Los anti-europeos horarios españoles que detienen el curso de la jornada laboral para comer y tener la pertienente sobremesa no hacen sino posponer el final del día, y en definitiva “restar tiempo para compartir -no simplemente estar- con los hijos”. El liberalismo de la sociedad del bienestar no ha dejado pasar este tren. En primera instancia fueron los comedores escolares y de forma más reciente, las afamadas ludotecas (con programas matinales y vespertinos). Probablemente ellos (padres y empresarios) obviaron leer Renata toca el piano, estudia inglés y etcétera, etcétera, de Ramón García Domínguez.

Antes de continuar, permítame, apreciado lector, recomendarle la visita del Museo Nacional de Escultura, con sede en Valladolid, que ayer tuve ocasión de conocer. Al término de la exposición cogí uno de los ejemplares de La Vanguardia apilados en el alféizar de una ventana. Durante el paseo de regreso a casa, fui ojeándolo, llamándome la atención las hojas dedicadas a cuatro brillantes alumnos catalanes; los cuatro con las mejores notas de esa región. Rápidamente me sentí identificado con el titular de uno de ellos: “nunca me han dado dinero por las notas”.

Son los padres de arriba -los que piensan que todo tiene un precio y que el vacío de sus largas ausencias puede serlo un poco menos con pomposos regalos- los que a menudo chantajean a sus hijos con euros por sobresaliente o la moto por aprobar todo. Pues bien, les diré: tuve la suerte de no tener que oír de boca de mis padres un “ponte a estudiar”. Tanto así, que en 2º de la ESO en una reunión con la tutora, no sabían cómo castigarme por mi mal comportamiento. La fórmula de una hora más de estudio no era la apropiada. Tal vez no permitirme disfrutar del viaje de fin de curso a Madrid, sí. Y digo tuve la suerte, porque siempre entendí (tal vez continúe en esa dicha) el estudio y la formación como un deber; y más a tan tierna edad. Hoy, con mayor profundidad, como algo indisociable del hombre, en cuanto el razonamiento nos caracteriza-diferencia de nuestros filogenéticos.

Aunque con experiencia, soy cuasi-profano en psicología de la educación, pero mi intuición me lleva a pensar que las Notas -nótese la mayúscula- no tienen precio.

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CAP – Estructura del Sistema Educativo

13 03 2009

Publico a continuación, el comentario de texto de una adaptación del capítulo IV del libro: [ Merchán Iglesias, F.J.; Enseñanza, examen y control: profesores y alumnos en la clase de Historia; Barcelona: ediciones Octaedro, 2005 ].

Comentario de texto

Se trata del trabajo de evaluación necesario para la superación del módulo Estructura del Sistema Educativo, del C.A.P.